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Nutrición para Niños y Familias

Alimentación selectiva: causas, estrategias y cuándo buscar apoyo

Por Dr. Thiago Cavalcante, NMD4 min de lecturaPublicado Actualizado

Revisión médica: Dr. Thiago Cavalcante, NMD Cómo revisamos

Revisión de la traducción: Dr. Julio Cantillo, NMD

Una madre ofrece con paciencia un tenedor con brócoli a su hijo, que apoya la barbilla en la mano y no parece convencido

La respuesta breve

Ser selectivo con la comida es común en los niños pequeños y en edad preescolar, y suele mejorar con el tiempo. La exposición repetida y sin presión a alimentos nuevos funciona mejor que la presión o los premios. Un grupo más pequeño de niños tiene algo más —dificultades de alimentación con causas sensoriales, médicas o relacionadas con la ansiedad— y esos niños necesitan una ayuda individualizada.

Por qué ocurre

La desconfianza ante los alimentos nuevos alcanza su punto máximo en la primera infancia. La genética, el temperamento, las primeras experiencias con la comida y la forma en que se ofrece en casa influyen (Taylor & Emmett, 2019). La mayoría de los niños selectivos crece con normalidad, aunque su dieta suele incluir menos verduras (Taylor & Emmett, 2019). Saber que es una etapa normal puede quitar parte de la tensión a las comidas, y menos tensión ayuda.

Qué funciona en la mesa

  • Repetir, sin presión. En un ensayo aleatorizado, los niños que probaron una verdura desconocida todos los días durante ocho días llegaron a que les gustara y a comer más de ella; ofrecer un premio no funcionó mejor que simplemente probarla de forma repetida (Wardle et al., 2003). Muchos niños necesitan numerosos intentos antes de aceptar un alimento nuevo.
  • Repartir las tareas. Los padres deciden qué, cuándo y dónde se sirve la comida; los niños deciden si comen y cuánto de lo que se les ofrece.
  • Incluir un alimento “seguro” que su hijo suele aceptar junto a cualquier cosa nueva.
  • Comer juntos, y dejar que los niños les vean disfrutar de una variedad de alimentos.
  • Servir porciones pequeñas, y dejar que los niños se sirvan solos cuando puedan.
  • Evitar la presión, los sobornos y las negociaciones de “un bocado más”, que tienden a aumentar la resistencia (Taylor & Emmett, 2019).
  • Involucrar a los niños en la compra, el lavado y la preparación de los alimentos.
  • Limitar el picoteo y las bebidas de leche o jugo entre comidas, para que los niños lleguen a la mesa con hambre.

Cuando es algo más que selectividad

Algunos niños tienen un trastorno de evitación/restricción de la ingesta de alimentos (ARFID, por sus siglas en inglés). En el ARFID, evitar la comida —por sensibilidad a texturas, sabores u olores, por falta de interés en comer, o por miedo a atragantarse o vomitar— lleva a pérdida de peso o poco crecimiento, carencias nutricionales, dependencia de suplementos o fórmulas, o una interferencia importante en la vida diaria (Zimmerman & Fisher, 2017). Las dificultades de alimentación también son más frecuentes en niños con autismo, reflujo, estreñimiento, alergias alimentarias o antecedentes de procedimientos médicos en la boca o la garganta.

Cuándo llamar al pediatra

  • Pérdida de peso, caída en la curva de crecimiento o poca energía
  • Un número muy pequeño de alimentos aceptados, o rechazo de grupos de alimentos completos
  • Arcadas, atragantamiento, tos o vómitos con las comidas
  • Dolor al comer o al tragar, o estreñimiento o reflujo persistentes
  • Comidas que causan una angustia intensa al niño o a la familia
  • Señales de una carencia nutricional, como palidez o cansancio inusuales

Cómo puede ayudar una consulta naturopática

Empezamos por comprobar que el crecimiento y el desarrollo van bien —algo tranquilizador para la mayoría de las familias— y luego miramos el panorama completo de la alimentación: las texturas que acepta el niño, las rutinas de las comidas, el estreñimiento o el reflujo, los patrones sensoriales y el estrés familiar. Damos estrategias prácticas, paso a paso, buscamos las carencias nutricionales más probables, como el hierro o la vitamina D, y referimos a un terapeuta de alimentación, a un nutricionista pediátrico o a un psicólogo cuando se sospecha ARFID o una causa médica.

Conclusiones prácticas

  • Ser selectivo con la comida es común y suele ser pasajero.
  • Ofrezca alimentos nuevos con frecuencia, en pequeñas cantidades, sin presión ni premios.
  • Mantenga un alimento conocido en el plato, y coman juntos.
  • El poco crecimiento, los muy pocos alimentos aceptados o las arcadas y atragantamientos requieren una evaluación profesional.

Referencias de investigación

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