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Neurodesarrollo y Salud Conductual

El eje intestino-cerebro en los niños

Por Dr. Thiago Cavalcante, NMD5 min de lecturaPublicado Actualizado

Revisión médica: Dr. Thiago Cavalcante, NMD Cómo revisamos

Revisión de la traducción: Dr. Julio Cantillo, NMD

Una niña escribe en un cuaderno en una mesa con fruta, verduras, yogur y sopa, bajo un diagrama dibujado a mano de la conexión intestino-cerebro

La respuesta breve

El intestino y el cerebro se comunican constantemente en ambas direcciones a través de los nervios, las hormonas, el sistema inmunitario y los microbios que viven en el intestino. En los niños, esa conexión se ve de formas conocidas: dolor de estómago antes de ir a la escuela, estreñimiento que afecta el ánimo y el sueño, y ansiedad que altera la digestión. La investigación sobre el microbioma y la conducta es prometedora, pero aún temprana. Lo que más ayuda es práctico: comidas regulares con suficiente fibra y líquidos, una rutina para ir al baño, buen sueño y tratar directamente la ansiedad.

Cómo se comunican el intestino y el cerebro

El intestino tiene su propia y extensa red de nervios y está conectado con el cerebro por el nervio vago. Los microbios intestinales producen compuestos que pueden influir en las señales del sistema inmunitario y en la función nerviosa, mientras que las hormonas del estrés cambian cómo se mueve el intestino y qué tan sensible es (Cryan et al., 2019). Gran parte de la evidencia detallada proviene de estudios en animales; en los niños, la investigación hasta ahora es sobre todo observacional (Naspolini et al., 2024).

Dolores de estómago sin una causa clara

El dolor abdominal recurrente es común en los niños en edad escolar, y en la mayoría de los casos no se encuentra ninguna enfermedad. Estos trastornos funcionales de dolor son reales: los nervios del intestino se vuelven más sensibles, y el estrés y la ansiedad suben el volumen (Hyams et al., 2016). La tranquilidad, una rutina previsible y mantener al niño en la escuela son importantes. La terapia cognitivo-conductual y la hipnoterapia dirigida al intestino han ayudado en ensayos, aunque la evidencia todavía es de baja calidad (Abbott et al., 2017). Un probiótico específico, *Lactobacillus rhamnosus* GG, mejoró modestamente los síntomas en un metaanálisis, sobre todo en niños con síndrome de intestino irritable (Horvath et al., 2011).

Estreñimiento, ánimo y conducta

El estreñimiento es muy común en la infancia (Tabbers et al., 2014). Retener las heces lleva a deposiciones duras y dolorosas, lo que lleva a retener más: un círculo que puede afectar el apetito, el ánimo, el sueño y causar accidentes al ir al baño. Las guías recomiendan educación, una rutina regular para ir al baño, una ingesta normal de fibra y líquidos, y medicamentos cuando hacen falta. No se ha demostrado que añadir más fibra o líquidos de lo normal ayude, y no se recomiendan los probióticos para el estreñimiento (Tabbers et al., 2014).

El microbioma y la conducta: lo que sabemos

Se han descrito diferencias en los microbios intestinales de niños con autismo, TDAH y ansiedad, y los patrones del microbioma en los primeros años se han relacionado con el desarrollo posterior (Naspolini et al., 2024). Pero asociación no es causa, y los estudios son pequeños e inconsistentes. Todavía no existe una prueba de microbioma, un probiótico ni una dieta validados que traten condiciones conductuales o del desarrollo en los niños. Desconfíe de los productos y protocolos que prometan lo contrario.

Lo que ayuda

  • Comidas y meriendas regulares que incluyan frutas, verduras, legumbres y cereales integrales
  • Agua a lo largo del día
  • Un momento diario y sin prisa para ir al baño después de una comida, con los pies apoyados en un banquito
  • Actividad física todos los días
  • Dormir lo suficiente, en horarios regulares
  • Reconocer y tratar la ansiedad, con rutinas, habilidades para afrontarla y, cuando hace falta, terapia

Cuándo llamar al pediatra

  • Dolor que despierta a su hijo por la noche, o dolor localizado lejos del ombligo
  • Pérdida de peso, poco crecimiento o pubertad retrasada
  • Sangre en las heces, o heces negras
  • Vómitos persistentes, sobre todo si son verdes
  • Fiebre con dolor abdominal, o diarrea que dura más de dos semanas
  • Estreñimiento que empezó en las primeras semanas de vida, o acompañado de debilidad en las piernas o problemas en la espalda
  • Ansiedad o tristeza que afectan la escuela, las amistades o el sueño

Cómo puede ayudar una consulta naturopática

Dedicamos el tiempo que necesita un problema del eje intestino-cerebro: una historia detallada de las deposiciones, la dieta, el sueño, la escuela y el estrés, y una exploración que busca señales de alerta. La mayoría de los niños responde a pasos prácticos —comida, líquidos, rutinas para ir al baño, actividad y sueño— junto con apoyo para la ansiedad. Usamos los probióticos de forma selectiva, en las situaciones en que se han estudiado, y trabajamos con su pediatra, un gastroenterólogo pediátrico o un terapeuta cuando eso es lo que su hijo necesita.

Conclusiones prácticas

  • El intestino y el cerebro se influyen mutuamente a través de los nervios, las hormonas, el sistema inmunitario y los microbios.
  • Los dolores de estómago funcionales son reales y responden a la tranquilidad, la rutina y el apoyo para la ansiedad.
  • Trate el estreñimiento de forma activa: afecta mucho más que al intestino.
  • La ciencia del microbioma es prometedora, pero ninguna prueba ni producto trata aún la conducta.

Referencias de investigación

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